Hace varios días que en casa vivimos 4 personas en lugar de 3: desde hace varios días Ana vive con nosotros.
Estaremos de acuerdo en que en esto de ser padres hay un montón de tópicos y leyendas urbanas. Cuando lo ves desde la barrera todo se ve diferente: lo malo es todo más fácil ("si fuera mi hijo le arreglaba yo la tontería de dos guantazos"), y lo bueno es... buenísimo, además sucede todos los días, cuándo a ti te apetece (o sea, delante de tus amigos), una alegría sin fin, vamos.
Y luego resulta que la realidad te pone en tu sitio. Cuando tu hijo se pone a chillar en la cola del super hasta que toda la cola se gira a mirarte, probablemente dos guantazos no vayan a ayudar mucho (aunque en algún momento la idea te ha tentado). Y en cuanto a las cosas buenas... bueno, digamos que no es tan ideal como lo pintan.
Durante los nueve meses de espera te da para pensar en muchas cosas: qué guapo va a ser, qué listo (al fin y al cabo es mi hijo, no?), qué simpático, qué bien se va a portar, cuánto me va a querer... Luego le ves la cara y, si somos sinceros, no siempre es tan guapo, desde luego al principio no tiene nada de listo y se toma su tiempo para su primera sonrisa (como unos dos meses, el muy gandul, y tú esperando...).
Así que te pones a leer y ves que hasta el año, te puedes ir poniendo cómodo porque él se lo toma con calma. Después todo es rapidísimo: dientes, gatear, ponerse en pie, caminar, correr, hablar... Vamos, que tienes otro año más para seguir fabricando a tu hijo ideal, y para soñar cómo un día, por milagro, acuestas a un bebé-vegetal que sólo come, caga y duerme y al día siguiente tu hijo te trae el desayuno a la cama. Lo peor es que no lo haces solo... este juego es mucho más divertido (y exagerado exponencialmente) si lo juegas con tu pareja.
Recuerdo que una vez hablamos de qué íbamos a sentir la primera vez que nos llamara papá o mamá. Porque claro, por todos es sabido que un niño lo primero que dice es papá o mamá. Lo primero de todo es que se desarrolla una (sana?) rivalidad sobre a quién de los dos llamará primero. Parece ser que los padres tenemos una ligera ventaja fisiológica, puesto que sería más fácil para un bebé pronunciar la "p" que la "m", pero vaya usted a saber...
El caso es que dejas la mente volar y ves la escena en que tu hijo está atrapado y no se puede mover, te necesita, se gira hacia ti, te mira directamente a los ojos y sin dudar, te llama: "papá!!"... Sí, ciertamente te emocionarás mucho cuando tu hijo te llame papá por primera vez. De hecho, es muy posible que se te salte una lágrima. Lo comentas con tu mujer y está de acuerdo. Ella también llorará (de hecho, lo hace sólo de pensarlo). Ya está decidido: lloraremos!!
Después de dos años todavía no has aprendido nada, está claro. La realidad es tozuda y te pone en tu sitio una vez más. La primera vez que tu hijo dice "papá" realmente está mirando una mancha en el suelo y suelta "papapapapapapa". Llevas meses llevándote la mano al pecho para señalarte y repetirle mil veces "papá" y cuando por fin lo suelta, no vales más que una mancha en el suelo. Como golpe a la autoestima no está mal.
Después de varios meses balbuceando papapas y mamamas sin sentido, a veces dirigidos a ti, la mayoría dirigidos a cualquier otra cosa, llega un momento en el que te das cuenta que tu hijo hace días que está diciendo cosas: le dice "hola" a todo el mundo que se cruza por la calle!! Esta vez parece que lo dice con sentido (al final aún va a ser un niño listo, después de todo). Será cuestión de prestar atención, porqué aunque "papá" ya no va a ser lo primero que diga, es de suponer que no tardará en llegar. Lágrimas listas!
Y llegó. Bueno, "papá" todavía no. Empezó por "mamá"... bueno, tampoco... la verdad es que "mamá" se ha convertido en "aná" (y como en nuestra historia ideal ni siquiera se nos había pasado por la cabeza que nuestro hijo no pronunciara bien estas dos sílabas básicas, tardamos bastantes días en darnos cuenta que se dirigía a su madre). Así que cariñosamente estos días llamo Ana a mi depresiva esposa para animarla un poco, y bromeamos con la presencia de Ana en casa. A todo esto, parece que yo soy "dadá". Así que no, la verdad es que no nos hemos emocionado mucho la primera vez que nuestro hijo nos ha llamado. Es muy complicado que te caiga una lágrima de emoción en estas condiciones, verdad? Sólo de frustración.
No sabemos si el niño aprenderá mucho de nosotros. Lo que está claro es que nosotros aprendemos mucho de él: las cosas son como son, no como queremos que sean... y aún así se puede disfrutar mucho de ellas, si no te empeñas en compararlas con tu ideal.