Hace tiempo que no escribo. En parte porque mi situación personal ha sido una montaña rusa últimamente, en parte porque no tenía nada interesante que decir o nada que necesitara soltar. Hasta hace unos días.
Miraba a mi hijo, ya un hombrecito camino de su segundo cumpleaños y un pensamiento como una sacudida me vino de golpe "¡Coño! ¡Cuánto lo quiero!". Quiero decir que era más allá de la manida frase de "a mi hijo lo quiero mucho", etcétera, etcétera. Fue darme cuenta que me he apegado al mocoso. Mucho. Que aquella mata de pelo que sólo comía y dormía se ha convertido en una personita, con sus manías, sus gustos, su manera de caminar... su personalidad, en definitiva. Y te das cuenta que tu vida no podría ser igual sin él.
Aceptar que tu vida, antaño (orgullosamente) independiente ahora está ligada (pseudo-voluntariamente) a una personita de dos años ya es un pensamiento turbador, pero otro pensamiento, mucho más turbador si cabe, acudió a mi mente. Si algún día tengo otro hijo... ¿sería físicamente posible quererlo igual? La pregunta no es si se puede llegar a querer así a alguien, eso ya lo sé. La respuesta es sí, y lo vivo a diario, la pregunta es si es posible querer a otro. ¿Se puede tener este sentimiento por duplicado? ¿Sin explotar? ¿Tendré yo la capacidad de hacerlo? ¿No me sentiré como si "traicionara" al pobre que ya está aquí? ¿Qué pasa si al otro, al "intruso", no lo quiero igual? ¿Puedo dejar de querer, ni siquiera un poquito, a mi hijo mayor? Mil dudas me asaltan y hacen que la típica cuestión que se plantean los padres sobre si tener más hijos o no, la vea mucho más compleja que "nos apetece sí o no" o "nos lo podemos permitir sí o no", convirtiéndose más bien en un "estaré a la altura sí o no".
Ya se verá, intruso.
iNiño
Blog simpático de unos padres del siglo XXI que saben más acerca de su iPhone que de su iNiño
domingo, 5 de febrero de 2012
lunes, 17 de octubre de 2011
Yo no pedí nacer
Hace un tiempo, cuando mi mujer estaba embarazada, alguien (otro papá) me dijo: "Prepárate, porque a partir de ahora, no podrás soportar ver a un niño sufrir. En una película, en el telediario o por la calle, cuando veas sufrir a un niño, se te pondrá el cuerpo del revés".
Durante esos nueve meses te vuelves una esponja e intentas absorber toda la información posible: consejos bienintencionados y libros de consulta son la mayoría, pero también alguna perla de sabiduría inclasificable como esta.
Ciertamente, hasta ahora sólo me ha pasado dos veces, pero es cierto que te afectan ciertas cosas mucho más. Hace unos meses se me saltaban las lágrimas al escuchar en el telediario que un hombre (?) había prendido fuego a sus hijos. Si no recuerdo mal, al menos uno tenía un par de años. Intentaba imaginar qué puede llevar a alguien a hacer algo así y... bueno, no hay mucho más qué decir, no?
Ayer me pasó de nuevo. Estaba viendo las noticias y me daban ganas de llorar. Ya sé, últimamente ver las noticias, económicas principalmente, es un ejercicio de masoquismo que hace llorar a cualquiera. Pero ayer fue diferente.
¿Cuántas veces hemos visto negritos que pasan hambre en las noticias? Yo creo que toda mi vida. Y a fuerza de repetirlo, la imagen pierde fuerza, al punto que ya ni la miras, o la miras indiferente y no te afecta. Ayer vi la noticia y no pude evitar echarme a llorar. Literalmente.
Millones de niños que no tienen nada para comer. Madres desesperadas, que harían lo que fuera para poder dar algo a sus pequeños y que sólo tienen una cosa: impotencia. Y lo jodido es que la impotencia no se come. Pero lo peor es pensar en por qué sucede esto. Escuché que el precio del maíz (o era el trigo?) había subido un 170% el último año. Y ya tenemos aquí a nuestros amigos los especuladores. No tienen bastante con hacer dinero con nuestras hipotecas, nuestras empresas, nuestros puestos de trabajo... también especulan con la comida. ¡Con la comida, por dios!
¿Pero en qué mundo vivimos? ¿Cómo se permite que alguien juegue con la comida de millones de personas como si estuviera jugando al Monopoly? Si se permite que 1.000 millones de personas se MUERAN de hambre para que un jubilado americano o europeo reciba una rentabilidad un 3% más alta en su fondo de pensiones, ya podemos sentarnos a esperar que los políticos se decidan a cambiar algo (apretar al banco y no al ciudadano, fiscalidad de sicavs, etc).
Me produce inquietud pensar en qué lo voy a explicar a mi hijo cuando me pregunte sobre esto. Pero lo que me destroza es pensar que un día mi hijo me pueda echar en cara "¿pero a qué mundo me has traído, papá?"
martes, 5 de julio de 2011
Ana
Hace varios días que en casa vivimos 4 personas en lugar de 3: desde hace varios días Ana vive con nosotros.
Estaremos de acuerdo en que en esto de ser padres hay un montón de tópicos y leyendas urbanas. Cuando lo ves desde la barrera todo se ve diferente: lo malo es todo más fácil ("si fuera mi hijo le arreglaba yo la tontería de dos guantazos"), y lo bueno es... buenísimo, además sucede todos los días, cuándo a ti te apetece (o sea, delante de tus amigos), una alegría sin fin, vamos.
Y luego resulta que la realidad te pone en tu sitio. Cuando tu hijo se pone a chillar en la cola del super hasta que toda la cola se gira a mirarte, probablemente dos guantazos no vayan a ayudar mucho (aunque en algún momento la idea te ha tentado). Y en cuanto a las cosas buenas... bueno, digamos que no es tan ideal como lo pintan.
Durante los nueve meses de espera te da para pensar en muchas cosas: qué guapo va a ser, qué listo (al fin y al cabo es mi hijo, no?), qué simpático, qué bien se va a portar, cuánto me va a querer... Luego le ves la cara y, si somos sinceros, no siempre es tan guapo, desde luego al principio no tiene nada de listo y se toma su tiempo para su primera sonrisa (como unos dos meses, el muy gandul, y tú esperando...).
Así que te pones a leer y ves que hasta el año, te puedes ir poniendo cómodo porque él se lo toma con calma. Después todo es rapidísimo: dientes, gatear, ponerse en pie, caminar, correr, hablar... Vamos, que tienes otro año más para seguir fabricando a tu hijo ideal, y para soñar cómo un día, por milagro, acuestas a un bebé-vegetal que sólo come, caga y duerme y al día siguiente tu hijo te trae el desayuno a la cama. Lo peor es que no lo haces solo... este juego es mucho más divertido (y exagerado exponencialmente) si lo juegas con tu pareja.
Recuerdo que una vez hablamos de qué íbamos a sentir la primera vez que nos llamara papá o mamá. Porque claro, por todos es sabido que un niño lo primero que dice es papá o mamá. Lo primero de todo es que se desarrolla una (sana?) rivalidad sobre a quién de los dos llamará primero. Parece ser que los padres tenemos una ligera ventaja fisiológica, puesto que sería más fácil para un bebé pronunciar la "p" que la "m", pero vaya usted a saber...
El caso es que dejas la mente volar y ves la escena en que tu hijo está atrapado y no se puede mover, te necesita, se gira hacia ti, te mira directamente a los ojos y sin dudar, te llama: "papá!!"... Sí, ciertamente te emocionarás mucho cuando tu hijo te llame papá por primera vez. De hecho, es muy posible que se te salte una lágrima. Lo comentas con tu mujer y está de acuerdo. Ella también llorará (de hecho, lo hace sólo de pensarlo). Ya está decidido: lloraremos!!
Después de dos años todavía no has aprendido nada, está claro. La realidad es tozuda y te pone en tu sitio una vez más. La primera vez que tu hijo dice "papá" realmente está mirando una mancha en el suelo y suelta "papapapapapapa". Llevas meses llevándote la mano al pecho para señalarte y repetirle mil veces "papá" y cuando por fin lo suelta, no vales más que una mancha en el suelo. Como golpe a la autoestima no está mal.
Después de varios meses balbuceando papapas y mamamas sin sentido, a veces dirigidos a ti, la mayoría dirigidos a cualquier otra cosa, llega un momento en el que te das cuenta que tu hijo hace días que está diciendo cosas: le dice "hola" a todo el mundo que se cruza por la calle!! Esta vez parece que lo dice con sentido (al final aún va a ser un niño listo, después de todo). Será cuestión de prestar atención, porqué aunque "papá" ya no va a ser lo primero que diga, es de suponer que no tardará en llegar. Lágrimas listas!
Y llegó. Bueno, "papá" todavía no. Empezó por "mamá"... bueno, tampoco... la verdad es que "mamá" se ha convertido en "aná" (y como en nuestra historia ideal ni siquiera se nos había pasado por la cabeza que nuestro hijo no pronunciara bien estas dos sílabas básicas, tardamos bastantes días en darnos cuenta que se dirigía a su madre). Así que cariñosamente estos días llamo Ana a mi depresiva esposa para animarla un poco, y bromeamos con la presencia de Ana en casa. A todo esto, parece que yo soy "dadá". Así que no, la verdad es que no nos hemos emocionado mucho la primera vez que nuestro hijo nos ha llamado. Es muy complicado que te caiga una lágrima de emoción en estas condiciones, verdad? Sólo de frustración.
No sabemos si el niño aprenderá mucho de nosotros. Lo que está claro es que nosotros aprendemos mucho de él: las cosas son como son, no como queremos que sean... y aún así se puede disfrutar mucho de ellas, si no te empeñas en compararlas con tu ideal.
Estaremos de acuerdo en que en esto de ser padres hay un montón de tópicos y leyendas urbanas. Cuando lo ves desde la barrera todo se ve diferente: lo malo es todo más fácil ("si fuera mi hijo le arreglaba yo la tontería de dos guantazos"), y lo bueno es... buenísimo, además sucede todos los días, cuándo a ti te apetece (o sea, delante de tus amigos), una alegría sin fin, vamos.
Y luego resulta que la realidad te pone en tu sitio. Cuando tu hijo se pone a chillar en la cola del super hasta que toda la cola se gira a mirarte, probablemente dos guantazos no vayan a ayudar mucho (aunque en algún momento la idea te ha tentado). Y en cuanto a las cosas buenas... bueno, digamos que no es tan ideal como lo pintan.
Durante los nueve meses de espera te da para pensar en muchas cosas: qué guapo va a ser, qué listo (al fin y al cabo es mi hijo, no?), qué simpático, qué bien se va a portar, cuánto me va a querer... Luego le ves la cara y, si somos sinceros, no siempre es tan guapo, desde luego al principio no tiene nada de listo y se toma su tiempo para su primera sonrisa (como unos dos meses, el muy gandul, y tú esperando...).
Así que te pones a leer y ves que hasta el año, te puedes ir poniendo cómodo porque él se lo toma con calma. Después todo es rapidísimo: dientes, gatear, ponerse en pie, caminar, correr, hablar... Vamos, que tienes otro año más para seguir fabricando a tu hijo ideal, y para soñar cómo un día, por milagro, acuestas a un bebé-vegetal que sólo come, caga y duerme y al día siguiente tu hijo te trae el desayuno a la cama. Lo peor es que no lo haces solo... este juego es mucho más divertido (y exagerado exponencialmente) si lo juegas con tu pareja.
Recuerdo que una vez hablamos de qué íbamos a sentir la primera vez que nos llamara papá o mamá. Porque claro, por todos es sabido que un niño lo primero que dice es papá o mamá. Lo primero de todo es que se desarrolla una (sana?) rivalidad sobre a quién de los dos llamará primero. Parece ser que los padres tenemos una ligera ventaja fisiológica, puesto que sería más fácil para un bebé pronunciar la "p" que la "m", pero vaya usted a saber...
El caso es que dejas la mente volar y ves la escena en que tu hijo está atrapado y no se puede mover, te necesita, se gira hacia ti, te mira directamente a los ojos y sin dudar, te llama: "papá!!"... Sí, ciertamente te emocionarás mucho cuando tu hijo te llame papá por primera vez. De hecho, es muy posible que se te salte una lágrima. Lo comentas con tu mujer y está de acuerdo. Ella también llorará (de hecho, lo hace sólo de pensarlo). Ya está decidido: lloraremos!!
Después de dos años todavía no has aprendido nada, está claro. La realidad es tozuda y te pone en tu sitio una vez más. La primera vez que tu hijo dice "papá" realmente está mirando una mancha en el suelo y suelta "papapapapapapa". Llevas meses llevándote la mano al pecho para señalarte y repetirle mil veces "papá" y cuando por fin lo suelta, no vales más que una mancha en el suelo. Como golpe a la autoestima no está mal.
Después de varios meses balbuceando papapas y mamamas sin sentido, a veces dirigidos a ti, la mayoría dirigidos a cualquier otra cosa, llega un momento en el que te das cuenta que tu hijo hace días que está diciendo cosas: le dice "hola" a todo el mundo que se cruza por la calle!! Esta vez parece que lo dice con sentido (al final aún va a ser un niño listo, después de todo). Será cuestión de prestar atención, porqué aunque "papá" ya no va a ser lo primero que diga, es de suponer que no tardará en llegar. Lágrimas listas!
Y llegó. Bueno, "papá" todavía no. Empezó por "mamá"... bueno, tampoco... la verdad es que "mamá" se ha convertido en "aná" (y como en nuestra historia ideal ni siquiera se nos había pasado por la cabeza que nuestro hijo no pronunciara bien estas dos sílabas básicas, tardamos bastantes días en darnos cuenta que se dirigía a su madre). Así que cariñosamente estos días llamo Ana a mi depresiva esposa para animarla un poco, y bromeamos con la presencia de Ana en casa. A todo esto, parece que yo soy "dadá". Así que no, la verdad es que no nos hemos emocionado mucho la primera vez que nuestro hijo nos ha llamado. Es muy complicado que te caiga una lágrima de emoción en estas condiciones, verdad? Sólo de frustración.
No sabemos si el niño aprenderá mucho de nosotros. Lo que está claro es que nosotros aprendemos mucho de él: las cosas son como son, no como queremos que sean... y aún así se puede disfrutar mucho de ellas, si no te empeñas en compararlas con tu ideal.
jueves, 30 de junio de 2011
Amigas
Hoy nos hemos despedido de dos personas muy especiales. Dos personas a las que conocimos hace 9 meses entre recelosos, asustados, soberbios y esperanzados. Hace 9 meses tuvimos un primer encuentro con ellas para hablarles del pequeño monstruito que les íbamos a dejar a cargo durante 5 horas al día los siguientes meses.
Esa es la historia oficial: venid a la guardería a una entrevista y nos habláis de vuestro hijo. Y un cuerno. Voy a la entrevista para ver con qué tipo de persona voy a dejar a mi hijo. Quiero saber que lo vas a tratar bien, pero sin malcriarlo; que lo vas a querer, pero que él no te quiera más a ti que a mi; que te preocuparás si llora, que le cambiarás el pañal cuando haga falta y que te fijarás con tu ojo profesional por si hubiera algo anormal en su desarrollo y me avisarás.
Volvimos de la entrevista contentos. Parecía que todo iba a ir bien. Parecían dos buenas profesionales, en un centro nuevo (aún por acabar), con todas las comodidades y que estaría bien cuidado. En definitiva, supieron transmitirnos seguridad a un par de padres inexpertos que íbamos a alejarnos de nuestro pequeño varias horas al día con apenas 4 meses.
Todo empezó con la "adaptación". Como bien dijeron, el niño de cuatro meses no necesita adaptación. Mientras le cambies, le des de comer y tenga un sitio donde dormir tranquilo, le da igual estar con su madre o en una cárcel turca. La famosa "adaptación" es para la madre del niño de cuatro meses. Es ella la que va a notar que se separa a la fuerza del que ha sido su inseparable apéndice durante esos meses. Es ella la que se queda un rato viendo como las educadoras trabajan con los niños. Es ella la que se va a tomar un café al bar de la esquina mirando el reloj cada dos minutos pensando "ya puedo volver? Ya ha pasado el tiempo suficiente para que no piensen que estoy obsesionada?". También esa fase pasó.
Debo confesar que todos mis recelos se desvanecieron a los pocos días de empezar el curso, cuando un día al llevar al pequeño (que siempre ha disfrutado de la guardería) la educadora lo arrancó de mis brazos y se lo comió a besos pasando completamente de mi. En ese momento pensé que lo que acababa de ver era lo mismo que hubiera visto en casa, con su propia madre. Una sensación de que el niño estaba en su segunda casa, en la que estaba tan a gusto o más que en la primera.
En estos nueve meses hemos pasado por enfermedades (no muchas, por suerte), fiestas, lloros, amiguitos nuevos, juegos, risas y muchas, muchas primeras veces: primera vez que se sienta sin cojín, primera vez que come solo, primera vez que saluda con la mano, primera vez que dice papapapa sin sentido, primer diente, primera vez que se pone solo de pie (tardando diez minutos y apoyándose en todos los muebles de la casa)... Habrán otras "primeras veces", pero no creo que nos emocionen como estas. Y las hemos vivido los cuatro, porque en nuestras charlas de cada mañana compartíamos los avances con la emoción de estar compartiéndolas con un colega de aventura. Con un amigo.
De parte de los tres: Gracias Amigas.
Esa es la historia oficial: venid a la guardería a una entrevista y nos habláis de vuestro hijo. Y un cuerno. Voy a la entrevista para ver con qué tipo de persona voy a dejar a mi hijo. Quiero saber que lo vas a tratar bien, pero sin malcriarlo; que lo vas a querer, pero que él no te quiera más a ti que a mi; que te preocuparás si llora, que le cambiarás el pañal cuando haga falta y que te fijarás con tu ojo profesional por si hubiera algo anormal en su desarrollo y me avisarás.
Volvimos de la entrevista contentos. Parecía que todo iba a ir bien. Parecían dos buenas profesionales, en un centro nuevo (aún por acabar), con todas las comodidades y que estaría bien cuidado. En definitiva, supieron transmitirnos seguridad a un par de padres inexpertos que íbamos a alejarnos de nuestro pequeño varias horas al día con apenas 4 meses.
Todo empezó con la "adaptación". Como bien dijeron, el niño de cuatro meses no necesita adaptación. Mientras le cambies, le des de comer y tenga un sitio donde dormir tranquilo, le da igual estar con su madre o en una cárcel turca. La famosa "adaptación" es para la madre del niño de cuatro meses. Es ella la que va a notar que se separa a la fuerza del que ha sido su inseparable apéndice durante esos meses. Es ella la que se queda un rato viendo como las educadoras trabajan con los niños. Es ella la que se va a tomar un café al bar de la esquina mirando el reloj cada dos minutos pensando "ya puedo volver? Ya ha pasado el tiempo suficiente para que no piensen que estoy obsesionada?". También esa fase pasó.
Debo confesar que todos mis recelos se desvanecieron a los pocos días de empezar el curso, cuando un día al llevar al pequeño (que siempre ha disfrutado de la guardería) la educadora lo arrancó de mis brazos y se lo comió a besos pasando completamente de mi. En ese momento pensé que lo que acababa de ver era lo mismo que hubiera visto en casa, con su propia madre. Una sensación de que el niño estaba en su segunda casa, en la que estaba tan a gusto o más que en la primera.
En estos nueve meses hemos pasado por enfermedades (no muchas, por suerte), fiestas, lloros, amiguitos nuevos, juegos, risas y muchas, muchas primeras veces: primera vez que se sienta sin cojín, primera vez que come solo, primera vez que saluda con la mano, primera vez que dice papapapa sin sentido, primer diente, primera vez que se pone solo de pie (tardando diez minutos y apoyándose en todos los muebles de la casa)... Habrán otras "primeras veces", pero no creo que nos emocionen como estas. Y las hemos vivido los cuatro, porque en nuestras charlas de cada mañana compartíamos los avances con la emoción de estar compartiéndolas con un colega de aventura. Con un amigo.
De parte de los tres: Gracias Amigas.
viernes, 24 de junio de 2011
Potingues
Una amiga tiene una tienda online de productos para bebé: www.cosmeticabebe.com que la verdad es que me gusta bastante, tiene variedad, está bien de precio y es bonita... para ser una web de bebés :)
Dicho esto, y ahora que ya no se puede enfadar conmigo, ya puedo pasar a meterme con todo este rollo de las cremas para críos. Yo no recuerdo cómo era todo cuando yo era un bebé, obviamente, pero tengo la sensación de que todo era mucho más sencillo.
Yo he estado en la playa con un poco de crema factor 4 durante todo un día!!! Ahora ves una montañita de cemento blanquecino que intenta moverse por la arena e intuyes que debajo debe haber un bebé luchando por respirar, y que el cemento es crema solar factor 50, que su esmerada madre renueva cada tres minutos no sea que su hijo caiga fulminado por un rayo solar. No estamos exagerando un poco? Bueno, más bien la pregunta sería: no nos estamos dejando arrastrar por la industria de los potingues?
Y en casa es la guasa cuando llega la hora del baño. Yo al menos me parto. Hasta que llega el momento de salir del agua y me dicen aquello de:
- tráeme el tónico hidratante para la zona del pañal.
- -_- mandelocualo?
- sí, ese pote blanco con el tapón azul que está justo ahí
- -_- a cuál de los doce potes blancos con tapón azul te refieres?
Y empiezas a leer: limpiador para el cambio de pañal, leche corporal, hidratante facial, bálsamo para las rojeces del culito... a mi todo me suena igual. Al final, cuando la madre te ve haciendo el pito-pito, suelta un bufido desesperado, agarra el bálsamo y te suelta una mirada que me siento incapaz de describir pero que todos sabéis cómo es. Dónde se ha quedado la talquistina? En mi época te embadurnaban de eso y ya estaba.
Menos mal que tengo a mi amiga a la que puedo llamar y ahora su web que me sirve de chuleta para no perderme con tanto nombre raro (buenísimo el glosario, gracias!!).
Dicho esto, y ahora que ya no se puede enfadar conmigo, ya puedo pasar a meterme con todo este rollo de las cremas para críos. Yo no recuerdo cómo era todo cuando yo era un bebé, obviamente, pero tengo la sensación de que todo era mucho más sencillo.
Yo he estado en la playa con un poco de crema factor 4 durante todo un día!!! Ahora ves una montañita de cemento blanquecino que intenta moverse por la arena e intuyes que debajo debe haber un bebé luchando por respirar, y que el cemento es crema solar factor 50, que su esmerada madre renueva cada tres minutos no sea que su hijo caiga fulminado por un rayo solar. No estamos exagerando un poco? Bueno, más bien la pregunta sería: no nos estamos dejando arrastrar por la industria de los potingues?
Y en casa es la guasa cuando llega la hora del baño. Yo al menos me parto. Hasta que llega el momento de salir del agua y me dicen aquello de:
- tráeme el tónico hidratante para la zona del pañal.
- -_- mandelocualo?
- sí, ese pote blanco con el tapón azul que está justo ahí
- -_- a cuál de los doce potes blancos con tapón azul te refieres?
Y empiezas a leer: limpiador para el cambio de pañal, leche corporal, hidratante facial, bálsamo para las rojeces del culito... a mi todo me suena igual. Al final, cuando la madre te ve haciendo el pito-pito, suelta un bufido desesperado, agarra el bálsamo y te suelta una mirada que me siento incapaz de describir pero que todos sabéis cómo es. Dónde se ha quedado la talquistina? En mi época te embadurnaban de eso y ya estaba.
Menos mal que tengo a mi amiga a la que puedo llamar y ahora su web que me sirve de chuleta para no perderme con tanto nombre raro (buenísimo el glosario, gracias!!).
miércoles, 22 de junio de 2011
Médicos
Esta mañana hemos empezado el día con alegría, como decía aquella... El niño se despierta y, para sorpresa de ambos, nos pilla de bastante buen humor. Lo voy a buscar y lo traigo a la cama? Claro, tráelo!
Somos, o intentamos ser, estrictos con algunas cosas (eso es fácil decirlo ahora, pero ya veremos el resultado dentro de quince años), así que no solemos traer al niño a jugar a nuestra cama por aquello de que ya tiene otros sitios donde jugar y nuestra cama es nuestra (ahora mientras lo escribo me doy cuenta que no tiene mucho sentido como tema para ser estricto, pero es lo que tiene ser padre: eres un incoherente compulsivo). Vamos, que lo de esta mañana ha sido una rara excepción. Así que lleva el niño dos minutos jugando con nosotros cuando de pronto y sin venir a cuento, se pone todo tieso... y suelta una vomitera de tres segundos (parecen pocos, no? pues imagínate lo interminable que te parece cuando te cae el chorro encima).
Los padres veteranos se estarán echando unas risas, pero para nosotros y nuestro retoño de casi 14 meses era la primera vez. Y claro, te acojonas. Así que pedimos hora en el pediatra y para allá que vamos. Lo de nuestro pediatra es de traca. Vivimos en un pueblecito de la Costa Brava y bastante afortunados nos sentimos de tener no uno, sino dos pediatras. Uno es el típico gay, casado, con hijos y que algún día se decidirá a salir del armario. El otro, el nuestro, se habla en catalán y con tick nervioso. Digo que se habla porque habla bajito, super cerrado, con un acento que flipas y además con el tick. Mi mujer lleva más de diez años aquí, en su trabajo escucha catalán cada día, y aún así al pediatra de su hijo no le entiende nada. Yo, de la tierra, y que al pediatra voy en labores de traducción, debo confesar que no entiendo más que la mitad.
Hemos tenido suerte que, a pesar de ir a la guardería desde los 4 meses, el niño no se ha puesto enfermo más que dos veces (tres, con la de hoy). Porque la verdad es que no da mucha confianza que cuando lo pasas mal, vayas al médico para que te tranquilice (no nos engañemos, la mayoría de las veces vas al médico más que para curar al niño, para tranquilizar a la madre), y no le entiendas más que una palabra de cada tres (y resulta que la única que entiendes es el puñetero tick). Y claro, no puedes cambiar de pediatra porque el otro, el gay, no es que sea malo, pero es que no hay conexión (y con Mr. Tick sí la hay?), el par de veces que te has cruzado con él has visto que no, que este pediatra no es para ti. Esta impresión la sacas de tu increíble experiencia de padre primerizo sin experiencia, por supuesto. El caso es que seguimos con Mr. Tick, que para lo que nos enteramos de lo que nos dice, lo mismo daría si viniera de Siberia.
La enfermera del pediatra es para mear y no echar gota. Debe ser la única enfermera de pediatría del mundo que no soporta tocar a un niño. Hemos llegado a esta conclusión después de varias visitas en las que nos toca desvestirlo, ponerlo en la camita, luego en la báscula, sujetarlo para las inyecciones y volver a vestirlo... para darte cuenta de que ha conseguido pasar una visita entera con el niño sin tocarlo!!! Maravilloso. Sublime. Es como si Picasso hubiera pintado un cuadro sin tocar el lienzo. Entre uno y otra dan ganas de (llorar) darle gracias a Dios de tener un niño sano y no tener que verles más que para las revisiones.
Otro día hablamos de cómo poner una pomada en el ojo de un bebé enfermo (y no muy por la labor) y de cómo me gustaría agradecerle ese momento inolvidable al pediatra de guardia de la comarca.
Somos, o intentamos ser, estrictos con algunas cosas (eso es fácil decirlo ahora, pero ya veremos el resultado dentro de quince años), así que no solemos traer al niño a jugar a nuestra cama por aquello de que ya tiene otros sitios donde jugar y nuestra cama es nuestra (ahora mientras lo escribo me doy cuenta que no tiene mucho sentido como tema para ser estricto, pero es lo que tiene ser padre: eres un incoherente compulsivo). Vamos, que lo de esta mañana ha sido una rara excepción. Así que lleva el niño dos minutos jugando con nosotros cuando de pronto y sin venir a cuento, se pone todo tieso... y suelta una vomitera de tres segundos (parecen pocos, no? pues imagínate lo interminable que te parece cuando te cae el chorro encima).
Los padres veteranos se estarán echando unas risas, pero para nosotros y nuestro retoño de casi 14 meses era la primera vez. Y claro, te acojonas. Así que pedimos hora en el pediatra y para allá que vamos. Lo de nuestro pediatra es de traca. Vivimos en un pueblecito de la Costa Brava y bastante afortunados nos sentimos de tener no uno, sino dos pediatras. Uno es el típico gay, casado, con hijos y que algún día se decidirá a salir del armario. El otro, el nuestro, se habla en catalán y con tick nervioso. Digo que se habla porque habla bajito, super cerrado, con un acento que flipas y además con el tick. Mi mujer lleva más de diez años aquí, en su trabajo escucha catalán cada día, y aún así al pediatra de su hijo no le entiende nada. Yo, de la tierra, y que al pediatra voy en labores de traducción, debo confesar que no entiendo más que la mitad.
Hemos tenido suerte que, a pesar de ir a la guardería desde los 4 meses, el niño no se ha puesto enfermo más que dos veces (tres, con la de hoy). Porque la verdad es que no da mucha confianza que cuando lo pasas mal, vayas al médico para que te tranquilice (no nos engañemos, la mayoría de las veces vas al médico más que para curar al niño, para tranquilizar a la madre), y no le entiendas más que una palabra de cada tres (y resulta que la única que entiendes es el puñetero tick). Y claro, no puedes cambiar de pediatra porque el otro, el gay, no es que sea malo, pero es que no hay conexión (y con Mr. Tick sí la hay?), el par de veces que te has cruzado con él has visto que no, que este pediatra no es para ti. Esta impresión la sacas de tu increíble experiencia de padre primerizo sin experiencia, por supuesto. El caso es que seguimos con Mr. Tick, que para lo que nos enteramos de lo que nos dice, lo mismo daría si viniera de Siberia.
La enfermera del pediatra es para mear y no echar gota. Debe ser la única enfermera de pediatría del mundo que no soporta tocar a un niño. Hemos llegado a esta conclusión después de varias visitas en las que nos toca desvestirlo, ponerlo en la camita, luego en la báscula, sujetarlo para las inyecciones y volver a vestirlo... para darte cuenta de que ha conseguido pasar una visita entera con el niño sin tocarlo!!! Maravilloso. Sublime. Es como si Picasso hubiera pintado un cuadro sin tocar el lienzo. Entre uno y otra dan ganas de (llorar) darle gracias a Dios de tener un niño sano y no tener que verles más que para las revisiones.
Otro día hablamos de cómo poner una pomada en el ojo de un bebé enfermo (y no muy por la labor) y de cómo me gustaría agradecerle ese momento inolvidable al pediatra de guardia de la comarca.
Inicios
Empezamos la andadura de este blog y lo primero es lo primero: las presentaciones!
Somos una pareja mixta (como todas, no?) de hombre español y mujer francesa, así que cuando Nadal gana Roland Garros (otra vez) nos lo pasamos muy bien :)
Ya se nota quién está escribiendo esta primera entrada, no?
Bueno, ya veis cuál va a ser el tono del blog. Pretendemos contar lo que nos vaya pasando en esta gran aventura, riéndonos de todo y de todos, empezando por nosotros mismos, que nos creemos el summum de la creación y... la verdad es que somos un desastre de padres.
Y aquí viene lo segundo: un homenaje. Queremos hacer un sentido y sincero homenaje a esos seres tan incomprendidos durante tanto tiempo: nuestros padres. Tantos años escuchando eso de "cuándo tengas hijos lo comprenderás" y vaya si comprendes cosas!
Lo tercero es la presentación de la pequeña maravilla que motiva y da sentido a este blog. Nuestro pequeño, que ya no es tan pequeño, y que pronto va a empezar a soltarse solo por el mundo a sus casi 14 meses. Es rubio (así que a pesar de todos mis esfuerzos me ha salido guiri), muy guapo (dicho por sus padres, sus abuelos y algún otro conocido) y muy listo. Vamos, como todos, verdad? ;)
Pues nada, hechas las presentaciones, ya sólo queda... empezar a escribir!
Somos una pareja mixta (como todas, no?) de hombre español y mujer francesa, así que cuando Nadal gana Roland Garros (otra vez) nos lo pasamos muy bien :)
Ya se nota quién está escribiendo esta primera entrada, no?
Bueno, ya veis cuál va a ser el tono del blog. Pretendemos contar lo que nos vaya pasando en esta gran aventura, riéndonos de todo y de todos, empezando por nosotros mismos, que nos creemos el summum de la creación y... la verdad es que somos un desastre de padres.
Y aquí viene lo segundo: un homenaje. Queremos hacer un sentido y sincero homenaje a esos seres tan incomprendidos durante tanto tiempo: nuestros padres. Tantos años escuchando eso de "cuándo tengas hijos lo comprenderás" y vaya si comprendes cosas!
Lo tercero es la presentación de la pequeña maravilla que motiva y da sentido a este blog. Nuestro pequeño, que ya no es tan pequeño, y que pronto va a empezar a soltarse solo por el mundo a sus casi 14 meses. Es rubio (así que a pesar de todos mis esfuerzos me ha salido guiri), muy guapo (dicho por sus padres, sus abuelos y algún otro conocido) y muy listo. Vamos, como todos, verdad? ;)
Pues nada, hechas las presentaciones, ya sólo queda... empezar a escribir!
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